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     SALUD PUBLICA DE MEXICO  
     ENERO-FEBRERO DE 1994, VOL.36, No.5  
  
                                                          CLASICOS  
  
      TITULO:   
      PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA EPIDEMIOLOGIA   
  
      AUTOR:   
      MIGUEL E. BUSTAMANTE(1)   
  
     La epidemiología,  estudio  dinámico  de la  salud  y  de  la  
     enfermedad en los grupos humanos,  se encuentra en una  etapa  
     de rápida evolución debido a  su propio progreso y al de  las  
     diversas ciencias y técnicas biológicas, médicas, ecológicas,  
     sociales, culturales, históricas y  políticas que utiliza  en  
     forma multidisciplinaria.  
  
     En la actualidad se fortalece  el enlace de la  epidemiología  
     con la ecología,  que estudia la  relación de los  organismos  
     entre sí y con su medio ambiente, ya que cuando se  destruyen  
     los factores de  esa relación  con los  seres humanos,  éstos  
     pierden la salud o la vida.  
  
     Importan  por  igual  al   epidemiólogo  y  al  ecólogo   las  
     consecuencias  de  las  altas  tasas  de  crecimiento  de  la  
     población, la  escasez  de alimentos,  la  contaminación  del  
     aire, del agua y de  la tierra, las técnicas de obtención  de  
     los productos que el hombre  consume y las de disposición  de  
     los desechos que elimina.  
  
     Se excluye de este enlace la investigación epidemiológica  de  
     las relaciones éticas,  intelectuales o  afectivas entre  los  
     seres humanos, inmersos en su ambiente psicosocial.  
  
     Toca a  la  epidemiología  el tener  en  cuenta  la  relación  
     favorable a la salud  mental y al  equilibrio emocional o  la  
     incidencia desfavorable causada por factores síquicos que  se  
     traducen   en   desajuste    individual   o   familiar,    en  
     irresponsabilidad,  en   drogadicción  (encabezada   por   el  
     alcoholismo), en la violencia de uno o de muchos, o en  otras  
     formas de reacción mental patológica.  
  
     Se unen  los campos  de la  epidemiología y  de la  ecología,  
     cuando el oikos (lugar, casa o lugar para vivir) es  sometido  
     a los cambios nocivos  provocados por el hombre,  ocasionales  
     de graves  problema  de  salud  pública,  producidos  por  la  
     quiebra  o  ruptura  de   un  ecosistema,  unidad   funcional  
     constituida  en  un  área  dada  por  los  componentes  vivos  
     (bióticos) y los no vivos (abióticos).  
  
     Cuando una población  alcanza los  límites que  le impone  su  
     ecosistema, dice Klein(1)  debe estabilizar su  número o,  si  
     ello no sucede, se reducirá por la enfermedad, por el  hambre  
     o por  la  violencia.  Para que  esto  no  acontezca  o  para  
     retardarlo al menos en  estos nuestros tiempos, las  naciones  
     con recursos  económicos,  científicos  o  políticos  emplean  
     diversos medios  para subsistir,  o  para evitar  en  ciertas  
     ocasiones la  resaca  de  la tormenta  sobre  los  países  en  
     desarrollo. La  precaria  "solidaridad  egoísta"  del  mundo,  
     obliga a tomar medidas ocasionales de ayuda a las víctimas de  
     epidemias, de "hambrunas"  o de guerras,  u otros  desastres.  
     Las medidas son paliativos  insignificantes que consisten  en  
     auxilios   suministrados   por   sanitaristas,   médicos    y  
     enfermeras,  en  el  envío  de  medicamentos  preventivos   y  
     curativos, en alimentos  transportados por  barcos y  aviones  
     proporcionados por la Organización  Mundial de la Salud,  por  
     el Fondo  de  las Naciones  Unidas  para la  Infancia;  o  en  
     ilusorias misiones de paz, por los cascos azules de la ONU.  
  
     Con lo anterior no se resuelve el problema de fondo que es la  
     ignorancia o el de la explotación, al que conduce la lucha de  
     unos por  sobrevivir,  o la  demanda  de los  otros  por  los  
     recursos naturales  renovables  y no  renovables  que  siendo  
     patrimonio de la  humanidad, son consumidos  en una orgía  de  
     desperdicio, inconsiderada y reprensible.  
  
     Estas reflexiones incumben, de suyo a la medicina del  hombre  
     entendida en su totalidad, a cuyo cultivo está consagrada  la  
     medicina  neohipocrática,  que  podría   y  debería  ser   el  
     instrumento de paz y comprensión, contenidos en su esencia.  
  
     Coordinadas en la historia de  la humanidad han estado la  de  
     la ecología, la de la  epidemiología, y la de la  sociología,  
     necesarias para poder  conocer y  seguir la  evolución de  la  
     salud y de la enfermedad en las colectividades humanas y para  
     utilizar las enseñanzas de dichas ciencias.  
  
     Sigerist(2)   juzga   indispensables   las    investigaciones  
     históricas en epidemiología  en las que  el factor tiempo  es  
     muy importante. Stallones(3) por su parte afirma que:...  "en  
     las escuelas de salud pública  debe estudiarse el pasado  -es  
     decir;  la  historia-  al  educar  para  el  futuro".  Bruce-  
     Schwatt(4) profundamente  interesado  en el  estudio  de  los  
     orígenes  de  las   enfermedades,  concretamente  el   origen  
     parasitario del  paludismo,  explora la  prehistoria  de  las  
     infecciones  humanas  por  protozoarios  y  sigue  un  triple  
     camino, el  evolucionario, el  ecológico y  el histórico,  en  
     afanosa búsqueda de la  historia natural de las  enfermedades  
     transmisibles por artrópodos.  
  
     El pensamiento de Bruce-Schwatt complementa el de Klein(1) en  
     sus aspectos  históricos, al  decir  que un  ecosistema  está  
     relacionado con el pasado,  y su futuro  con el presente;  ya  
     que en un  ecosistema se unifican  la ecología  vegetal y  la  
     animal, la dinámica de su desarrollo y su evolución.  
  
     En  México  tenemos  lamentablemente  numerosos  ejemplos  de  
     cambios   epidemiológicos   negativos   producidos   por   la  
     destrucción de uno o de varios ecosistemas.  
  
     Un solo aspecto de  la ecología y  de la epidemiología en  el  
     Valle de México, es  suficiente para comprobar el  supradicho  
     aserto. La atmósfera del valle era limpia, transparente,  sin  
     contaminación. El aire húmedo y templada la temperatura.  Hoy  
     a causa de la desecación de los lagos, la destrucción de  los  
     bosques de las sierras vecinos,  del Bosque de Chapultepec  y  
     de algunos  parques, el  aire muéstrase  gris, opaco  por  la  
     mezcla de polvos  y de  humos, contaminada  la atmósfera,  es  
     seca y  extremosa la  temperatura.  La flora  y la  fauna  de  
     Xochimilco, de  Texcoco,  de Tulyehualco,  son  escasas.  Han  
     aumentado  las   afecciones  oculares,   las  de   las   vías  
     respiratorias  y  cardiovasculares  agravadas  éstas  por  el  
     tabaquismo   y   se   han   incrementado   otras   afecciones  
     degenerativas y crónicas.  
  
     También, el hermoso  Valle de Oaxaca  ha perdido los  bosques  
     del Norte de la  ciudad y los de  sus sierras aledañas y  sus  
     manantiales, que sirvieron a los fundadores de la ciudad Juan  
     Cedeño y Hernando de Badajoz para establecerla, están  secos,  
     escasos o ayunos de  agua corriente los  cauces de los  ríos,  
     que se  encuentran  invadidos  con la  arena  y  las  piedras  
     arrastradas de las montañas erosionadas, mientras que por las  
     alteraciones del régimen  pluvial, las poblaciones  ribereñas  
     suelen inundarse en ocasión de las lluvias torrenciales.  
  
     El agua es  insuficiente para el  regadío y  para la cría  de  
     ganado, situación que incrementa la pobreza y la desnutrición  
     consiguientes. Y este valle fue tan próvido en rendir maíz  y  
     frijol, verduras  y  frutas,  al  par  de  variada  fauna  de  
     conejos,  venados  y  aves,  que  permitieron  a  mixtecos  y  
     zapotecas alcanzar un alto grado de civilización en esas  sus  
     tan fértiles tierras con agua en abundancia.  
  
     La  conducta  destructiva  del  hombre  rompe  el  equilibrio  
     ecológico   por   ignorancia    más   que   por    necesidad,  
     comprometiendo su salud,  su economía  y su  vida misma.  Así  
     sucedió ya en la Mixteca.  
  
     Frente a  los  problemas de  tipo  ecológico y  cultural,  la  
     epidemiología  se  afirma  como  rama  útil  de  la  medicina  
     biopsicosocial. Su filosofía y su nombre se originaron en las  
     épocas de sufrimiento de las  masas humanas por las pestes  o  
     plagas y,  quienes  en la  escuela  griega de  Hipócrates  se  
     preguntaron por  la razón  o las  causas de  tales  fenómenos  
     agresores para la salud de muchas gentes, los designaron  con  
     el nombre genérico de epidemia. Su semilla científica germina  
     por la  observación médica,  y la  experiencia basada  en  el  
     diagnóstico  clínico  directo  en  el  individuo,  crece   al  
     ocuparse médica  y socialmente  del conjunto  de otros  seres  
     humanos igualmente afectados, fructifica con la  preocupación  
     facultativa por cuanto afecta la  salud de quienes forman  la  
     multitud que también pudiera enfermar, afectada  síquicamente  
     por el  temor a  la muerte.  La epidemiología  protege a  los  
     sanos y les ayuda a conservar su salud, mediante la educación  
     personal aunada  a  la  acción de  los  organismos  de  salud  
     pública,  encargados   de  impartirla   al  amparo   de   los  
     conocimientos epidemiológicos.  
  
     La  epidemiología  se  perfecciona  en  los  laboratorios  de  
     inmunología, de bioquímica,  de biofísica, de  genética y  de  
     otras especialidades más. Examina y analiza  estadísticamente  
     la magnitud de los fenómenos y la multitud de los  afectados.  
     Usa la computación y elabora modelos epidemiológicos para  la  
     enseñanza y  para  la  formulación de  programas  de  trabajo  
     enderezados a luchar, dominar o erradicar enfermedades.  
  
     Dada la complejidad de la epidemiología, no es de  sorprender  
     la tendencia de algunos a dar poco valor a la clínica médica,  
     ignorando que la exactitud  del diagnóstico es  indispensable  
     para la existencia de aquella y que, en la atención primaria,  
     no puede ni debe quedar  olvidada o semioculta la clínica  en  
     el cimiento de la estructuración del estudio  epidemiológico,  
     interesado en adelante,  en el grupo  o en  la comunidad  del  
     linaje humano.  
  
     Martínez Cortés,(5)  un  eminente clínico  mexicano,  afirma:  
     "...la clínica es la  parte de la  medicina que se ocupa  del  
     conocimiento y comprensión del hombre con problemas de salud,  
     con el  objeto de  identificar y  tratar de  resolver  dichos  
     problemas..." "...reiteremos:  el  hombre  con  problemas  de  
     salud y no de la enfermedad, es el objeto de la clínica".  
  
     La diferenciación del trabajo del clínico y del epidemiólogo,  
     principia cuando el  primero se  concentra en  el hombre  que  
     busca al médico o al que el médico busca y, el segundo  parte  
     del diagnóstico somático o  síquico del caso, para  emprender  
     la investigación de los fenómenos  de enfermedad o de  salud,  
     en un grupo más o menos numeroso.  
  
     La epidemiología  ambiciosa  de  servir a  la  humanidad,  de  
     ninguna manera  puede estar  desconectada de  la  información  
     clínica, de los datos del laboratorio o del gabinete, que  se  
     obtienen en las instituciones de salud necesitadas, a su vez,  
     del conocimiento epidemiológico. Aún cuando los eslabones  de  
     la cadena de hechos que  parten del diagnóstico de cada  caso  
     estén separados uno de otro por el espacio y, en  condiciones  
     especiales por el tiempo, deben mantenerse unidos para  poder  
     precisar  y  dar  respuesta  a  las  interrogaciones   médico  
     sociales acerca  de  la  enfermedad, sobre  sus  inicios,  su  
     desarrollo y su terminación temporal o, sobre su erradicación  
     en la lucha contra ciertas enfermedades transmisibles.  
  
     Tres  ejemplos  históricos  del   valor  excepcional  de   la  
     epidemiología para cualquier comunidad  afectada por un  mal,  
     fundados en el diagnóstico exacto de un solo caso, ilustrarán  
     la afirmación anterior. El primero pertenece a la historia de  
     México. Fue  la primera  gran victoria  de la  salud  pública  
     nacional  obtenida  seis  años   después  de  iniciadas   sus  
     funciones en 1917. Se logró  en 1923, cuando el  Departamento  
     de Salubridad Pública, con la colaboración de la División  de  
     Higiene Internacional de  la Fundación Rockefeller,  comprobó  
     el 8 de febrero de 1923, en Tampico, Tamaulipas, la  curación  
     de José Ríos, último enfermo de fiebre amarilla urbana en  la  
     República, después de cuatrocientos años de despoblación y de  
     semiparálisis socioeconómica de las costas mexicanas a  causa  
     del "vómito negro". El diagnóstico, al principiar el mal,  el  
     18 de  enero de  1923, hace  58 años,  y el  de su  curación,  
     hechos por  el  Doctor  Alfredo  Cuarón,  los  certifican  la  
     epidemiología y la historia.(6)  
  
     Exito  tan  grande  de  la   salubridad  nacional  y  de   la  
     colaboración internacional,  que arrancó  de raíz  una  plaga  
     centenaria y entregó a México sus tierras más fértiles y  sus  
     puertos  marítimos  libres  del   "vómito  negro"  ha   sido,  
     prácticamente, olvidado como factor de auténtico progreso  de  
     nuestro país.  
  
     El segundo ejemplo es  el de la  erradicación de la  viruela,  
     que en su vigésimo  quinto aniversario conmemoró la  Academia  
     Nacional de Medicina en 1977. La última enferma de viruela en  
     la nación fue la joven  Victoria Torres, de 16 años de  edad,  
     habitante de Tierra Nueva, San Luis Potosí, quien enfermó  en  
     junio de 1951. La Dirección  General de la Campaña contra  la  
     Viruela,  tuvo  como  Director  al  Doctor  Carlos  Calderón.  
     "Después de un año de rigurosa vigilancia epidemiológica, sin  
     registrarse caso alguno, hízose la proclama de liberación  de  
     la  viruela  en  Mensaje  del  Presidente  de  la  República,  
     Licenciado Miguel Alemán.(7)  
     Los beneficios  de  la erradicación  de  la viruela  para  la  
     población urbana  y  rural,  sobre  todo  para  la  población  
     indígena, refugiada en los lugares  altos y fríos de  México,  
     asolados por la endemoepidemia son incalculables en cuanto al  
     aumento  de  trabajo  productivo,   en  menor  morbilidad   y  
     mortalidad   general,   menos    invalidez   y    sufrimiento  
     sicosomáticos. El ahorro presupuestal  para el gobierno y  la  
     disponibilidad de los fondos ahorrados para otras necesidades  
     de la salud pública son considerables.  
  
     El tercer ejemplo de la importancia de la unión de la clínica  
     y de la epidemiología, es el de la erradicación de la viruela  
     en el mundo, inciada en  1967 y concluida en Somalia, con  el  
     último caso, el de Ali Maow Maalin, el 26 de octubre de 1977.  
     La Trigésima Tercera Asamblea  Mundial de la Salud,  proclamó  
     solemnemente el  8 de  mayo de  1980, la  erradicación de  la  
     viruela en  el  mundo.(8,9)  Acontecimiento  glorioso  de  la  
     salubridad nacional e internacional.  
  
     Es obvio que también  el diagnóstico del  primer caso de  una  
     enfermedad  nueva  para  la  patología  de  un  país,   tiene  
     importancia   médicosocial   definitiva   ya   sea   que   el  
     padecimiento diagnosticado haya sido introducido al país  por  
     un inmigrante  o un  viajero, o  bien haya  sido hallado  por  
     casualidad  o  bien  que  haya  sido  hallado  gracias  a  la  
     investigación  por   médicos,  por   epidemiólogos  u   otros  
     trabajadores de la salud.  
  
     De lo anterior  se desprende que  todo médico  que ejerza  su  
     profesión, en  una  comunidad pequeña  o  mediana, o  en  sus  
     funciones de médico general o médico familiar está en aptitud  
     de contribuir a la investigación epidemiológica que  ampliará  
     a  su  vez  el  estudio  clínico  al  reunir  y  analizar  la  
     información del conjunto de casos, mediante la aplicación  de  
     la  metodología,   de  la   técnica   y  de   la   estrategia  
     epidemiológica.  
  
     En  las   actuales  circunstancias   científicas,   técnicas,  
     culturales y administrativas  del ejercicio  de la  medicina,  
     los epidemiólogos  se esfuerzan  por establecer  un  criterio  
     conceptual que al  señalar los términos  de referencia de  la  
     epidemiología,   ciencia   y   técnica    multidisciplinaria,  
     investigadora y aplicativa, conserve la esencia humanista  de  
     la medicina como meta fundamental.  
  
     Por el  lugar  que  ocupa la  epidemiología  en  los  centros  
     académicos de investigación y de enseñanza de la ciencias  de  
     la salud, su material de  estudio está dentro y fuera de  los  
     hospitales, de los centros de salud, de las clínicas, de  los  
     hogares, de los talleres y de las comunidades.  
  
     Teniendo en  cuenta  el hecho  de  que  en la  esfera  de  la  
     biosociomedicina, la  epidemiología  toma  elementos  de  las  
     especialidades biológicas, biofísicas y bioquímicas, así como  
     de  las  sociales,  culturales,  matemáticas,  ecológicas   e  
     históricas, debe el epidemiólogo  recordar que es miembro  de  
     un equipo  médico,  que  se  guiará  según  la  expresión  de  
     Martínez Báez,(10) por  el concepto  de que:  "nada capaz  de  
     afectara la salud  humana, sea de  donde fuere,  ha de  serle  
     indiferente", particularizando  de esta  manera lo  que  hace  
     siglos proclamó Terencio cuando dijo  que "puesto que él  era  
     un hombre, nada de lo humano podía serle ajeno".  
     Pasado de la Epidemiología.  Separaré lo referente al  pasado  
     de   la   epidemiología   con    base   histórica,   de    la  
     paleoepidemiología,   o   sea   la   epidemiología   de   las  
     enfermedades en su  origen. Los  paleoepidemiólogos en  plena  
     hipótesis imaginativa de trabajo,  buscan la paleogénesis  de  
     las enfermedades  de  las  plantas, de  los  animales  y  del  
     hombre, habida cuenta de su naturaleza y al proceso evolutivo  
     desde las formas primigenias de  vida aparecidas en el  globo  
     terráqueo.  
  
     A las fuentes históricas de la epidemiología mundial se puede  
     agregar en México, algún material no incluido en los libros y  
     artículos europeos y  en los pocos  norteamericanos, por  ser  
     escasos los autores  que consultan  publicaciones en  español  
     sobre el tema.  
  
     Incluiré en forma  resumida a  guisa de  epítomes, partes  de  
     algunos  documentos  consultados   por  mí  para   satisfacer  
     inquietudes que despiertan  en nosotros  la cultura  indígena  
     indohispánica y amerindia  en las que  sin duda predomina  la  
     cultura europea,  introducida a  partir de  1519, en  nuestra  
     educación en  el hogar  y en  el aula  hasta la  Universidad.  
     Superpuesta a la indígena -raíz de nuestro ser que se  siente  
     orgulloso de las civilizaciones prehispánicas- ella  persiste  
     en tradiciones  alimentarias y  sociales, en  el  vocabulario  
     cotidiano de  otras  lenguas  y dialectos  indígenas  de  uso  
     diario, en la conducta y en el carácter los cuales  aceptamos  
     racionalmente para estar en paz con nosotros mismos.  
  
     Entraré en materia. En  los libros del Corpus  Hippocraticum,  
     escritos por Hipócrates (n. cerca  460 a.C.), consta que  "un  
     hombre inteligente debe entender que la salud, es la posesión  
     más valiosa de la gente".(11)  
  
     En cuanto al origen de las enfermedades, Hipócrates habla  de  
     la llamada enfermedad sagrada,  la epilepsia: "En mi  opinión  
     no es más divina,  ni más sagrada  que otras, sino que  tiene  
     una causa natural y su supuesto origen divino es debido a  la  
     inexperiencia del hombre..."  
  
     Sin haber conexión alguna entre  la civilización griega y  la  
     maya, salvo  en  que  son  de  seres  humanos  separados  por  
     veintiún siglos de distancia, en 1541, "uno de los escribanos  
     mayas tan ilustrado  que usó, como  otros escribas  indígenas  
     usaron los caracteres  españoles para escribir  en su  idioma  
     los acontecimientos", en el  pueblo de Chumayel,  Yucatán(12)  
     nos dice:  "Trece  veces  cuatrocientas  veces  cuatrocientos  
     millares y  quince  veces cuatrocientas  veces  cuatrocientos  
     centenares más, años de años, vivieron herejes los  Itzaes...  
     Entonces era bueno todo y entonces fueron abatidos...  /Había  
     en ellos  sabiduría, no  había entonces  pecado. Había  santa  
     devoción en  ellos.  Saludables  vivían.  No  había  entonces  
     enfermedad, no había  dolor de huesos;  no había fiebre  para  
     ellos, no había viruelas, no  había ardor de pecho, no  había  
     dolor de vientre,  no había  consunción. Rectamente,  erguido  
     iba su  cuerpo, entonces./  No fue  así lo  que hicieron  los  
     Dzules cuando  llegaron aquí.  Ellos  enseñaron el  miedo;  y  
     vinieron a marchitar  las flores. Para  que su flor  viviese,  
     dañaron y sorbieron la flor de los otros".  
  
     Para los mayas cultos,  no médicos, en vez  de la salud y  el  
     cuerpo erguido,  la  llegada  de  los  hombres  blancos  trae  
     enfermedades físicas: viruela (con  nombre europeo) y  otras,  
     probablemente    paludismo,     tuberculosis,     disentería,  
     enfermedades síquicas, el miedo a las gentes extrañas, a  sus  
     enfermedades que  dañan la  flor de  otros para  que su  flor  
     viva. Hay  por lo  tanto transmisión  de enfermedad  de  unos  
     hombres a otros.  
  
     Estas ideas no  fueron conocidas por  los españoles, mas  son  
     demostrables por simple razonamiento lógico.  
  
     En el Corpus Hippocraticum escrito en los siglos IV y V a.C.,  
     el libro  Aires,  Aguas  y  Lugares,  según  Sigerist(11)  el  
     escrito más antiguo de geografía  médica, los capítulos 12  y  
     sucesivos hasta  el 24,  hacen ver  que los  asiáticos y  los  
     europeos difieren en constitución  y en caracteres porque  la  
     geografía  de  sus  países  y   todo  el  medio  físico   son  
     diferentes. "Este determina, en  gran medida su  constitución  
     orgánica, las  condiciones de  salud y  las enfermedades  que  
     pudieren padecer".  
  
     El hombre nace  con materiales genéticos  heredados y lo  que  
     haga con ellos  es principalmente resultado  de factores  del  
     medio ambiente. La herencia no  es rígida y los genes  pueden  
     ser  afectados   por   factores  bioquímicos   que   producen  
     mutaciones.  
  
     En los libros Epidemias, su autor anotó, además del estado de  
     sus enfermos,  la  Katastasis  griega, lo  que  se  llamó  la  
     constitución pestilencial o epidémica,  idea dominante en  el  
     periodo  premicrobiológico  de  la  epidemiología,  arma   de  
     discusión entre contagionistas  y anticontagionistas; no  les  
     interesaba dar  nombre a  las enfermedades,  y fue  hasta  el  
     Renacimiento  y  sobre  todo  en  el  siglo  XVII  cuando  se  
     desarrolló el concepto ontológico  de la enfermedad.  Sabemos  
     que no hay dos individuos idénticos por cuanto a su  reacción  
     a la enfermedad pero que,  como se observó en las  epidemias,  
     los afectados  presentan  frecuentemente  síntomas  parecidos  
     que, por  lo demás  ocurren  en combinaciones  bastante  bien  
     definidas.  
  
     En 1496  los  médicos  europeos  contaban  ocho  enfermedades  
     contagiosas; fiebre aguda que  podía ser cualquier  infección  
     desde el tifo hasta la peste, tuberculosis, sarna, epilepsia,  
     erisipela, ántrax,  enfermedades  de los  ojos,  posiblemente  
     tracoma, y lepra.  
  
     En los códices preshispánicos mayas conocidos; el Dresde,  el  
     Peresiano y  el Trocortesiano  en  las pictografías,  en  los  
     signos  del   calendario  en   los  geográficos,   revisados,  
     comparados y  explicados  con  los libros  del  Chilam  Balam  
     posthispánicos y por la Relación de las Cosas de Yucatán, del  
     Obispo de Landa(13) quien después de quemar una gran cantidad  
     de códices y  libros en Mérida  preservó en  su relación  los  
     datos que  obtuvo  de  boca de  los  mayas;  esos  documentos  
     demuestran  cómo  el  diario  contacto  con  los  monos,  las  
     serpientes,- los  peces,  las  aves, los  mosquitos  y  otros  
     animales, amén de con las  plantas, les hizo ver que  ciertas  
     enfermedades eran causadas  por los monos.  También dieron  a  
     los mosquitos un papel en  la transmisión de mensajes de  una  
     persona a otra.  
  
     Pasaron muchos siglos desde la narración maya de los piquetes  
     de los mosquitos y de la del xekik o vómito de sangre, en  la  
     proto-historia maya,(14)  hasta  1881  con  Finlay(15)  y  su  
     teoría sobre  el mosquito  transmisor y  con Balfour(16)  más  
     tarde en 1914, en Trinidad,  por virtud de sus  observaciones  
     de que los monos silvestres  son reservorios del virus de  la  
     fiebre amarilla, sin que se pensara en la relación  ecológica  
     entre los hechos citados.  
  
     El xekik o  vómito de sangre  repetía en el  tiempo y, en  el  
     Códice  de  Tizimin:(17)  "El  Katun  4  Ahan,  el  II  Katun  
     (equivalente  en  nuestra  cronología  al  periodo  de  1480-  
     1485)... dice vendrá  el vómito  de sangre  -ulom xekiken  su  
     cuarta vuelta o vez".  
  
     El nombre xekik designaba  una enfermedad que, en  pronóstico  
     epidemiológico, volvería por cuarta vez, dado también por los  
     mayas ya en  el siglo  XVII al "vómito  negro" en  el año  de  
     1648; en ocasión de la  primera epidemia histórica de  fiebre  
     amarilla urbana, transmitida por  el Aedes aegypti del  Viejo  
     Mundo.  
  
     La epidemiología tiene  elementos para formular  predicciones  
     de elevación o descenso  en la curva  de una enfermedad.  Los  
     mayas anunciaron  la vuelta  del  xekik usando  su  admirable  
     calendario  el  que  usaron  también  y  principalmente  para  
     conocer las épocas de siembra y cosecha.  
  
     En  los  libros  Hipocráticos  Aires,  Aguas  y  Lugares,  se  
     encuentran las designaciones de  "endémica" para calificar  a  
     la enfermedad siempre presente, "epidémica" para calificar  a  
     la no  siempre  presente.  Hoy  en  uso  en  los  principales  
     idiomas.  
  
     Los nahoas al padecer las nuevas "pestilencias universales  y  
     grandes", llamaron cocoliztli a las muy mortíferas  distintas  
     de la  viruela,  el tifo  o  matlazahuatl de  la  varicela  o  
     tepitonzahuatl y de otras menos graves.(15,19)  
  
     En Europa,  en Egipto,  y en  Asia, fueron  endémicos en  los  
     siglos anteriores a la Edad Media el paludismo y la  viruela.  
     Esta ocasionó la peste de Cipriano durante el lapso de 251  a  
     266 d. C. En  los siglos III y  IV se han podido  identificar  
     endemoepidemias  de  viruela,  de   tifo,  de  difteria,   de  
     paludismo, de tifoidea, de disentería y de tuberculosis.  Los  
     romanos conocieron las enfermedades de. los mineros.(20)  
  
     Una extensa epidemia de "peste negra" descrita por el  médico  
     Procopio, en 543 d.C. atacó durante el reino de Justiniano  a  
     Egipto, Bizancio e Italia.  Duró 60 años  y causó decenas  de  
     miles de defunciones.(21)  
  
     En la  Edad Media,  contada del  año 500  al 1 500  d.C.  los  
     problemas de  salud  se ligaron  a  las religiones  pagana  o  
     cristiana. Unas eran por voluntad de los dioses y otras  eran  
     castigo por  el pecado.  En algunas  ciudades había  progreso  
     municipal y en París,  hacia 1416, las  casas de gran  tamaño  
     tenían  un  gabinete   de  limpieza,  que   drenaba  en   los  
     canales.(22) La viruela y  el sarampión eran prevalentes.  Se  
     describió en 580 una afección de "pestilencia de las fauces",  
     otra de dolor de garganta, en el Imperio Bizantino en 1004  y  
     una epidemia que en ese  siglo causó muertes por  sofocación.  
     La difteria que mató  a muchos niños  ep Alemania, Francia  e  
     Inglaterra, es reconocible en 1382.  
  
     La peste negra jamás  olvidada en Europa,  salió de China  en  
     1338, cruzó la India, llegó  a Egipto en 1347, penetró en  el  
     continente europeo  y llegó  a Inglaterra  en 1348.  Murieron  
     millones de personas.  Florencia tenía  130,000 habitantes  y  
     Boccaccio calcula  que murieron  100,000  por la  peste.  Las  
     ciudades quedaron desiertas.(23) La peste tuvo brotes en tres  
     siglos más.  En  el XIV  cinco,  e  igual número  en  el  XV.  
     Devastadoras  fueron  las  de  1 500  antes  y  después   del  
     descubrimiento de América. La peste se atribuyó en 1338, 1346  
     y 1478, al "aire  viciado y a  la naturaleza engendradora  de  
     ese  mal  por  una  plaga  de  langostas".  Las  estadísticas  
     elaboradas  en  1350  a  instancias  del  Papa  Clemente   VI  
     señalaron  en   el   mundo  entonces   conocido:   42.836,486  
     defunciones.(24)  
  
     La despoblación  de Europa  y la  disminución del  número  de  
     ratas   infectadas,   así   como   la   inmunidad   de    los  
     supervivientes, explican la desaparición temporal de la peste  
     observada en el año antes citado de 1350.  
  
     La guerra biológica, el hambre  y la depresión síquica,  como  
     factores de  la conquista  y subyugación  de los  pueblos  de  
     América. En los  libros europeos  de epidemiología  no se  da  
     particular importancia a la catástrofe biológica,  ecológica,  
     social y  cultural  que significó  para  la gente  del  Nuevo  
     Mundo, el contacto con la del Viejo Mundo.  
  
     El caso es que: "La introducción en el Hemisferio  Occidental  
     a partir de 1492, de múltiples agentes de enfermedad para los  
     seres humanos, para  los animales y  quizá para las  plantas,  
     produjo en  América la  mayor  y más  diversificada  agresión  
     patógena conocida en la historia".(25)  
  
     Los  "descubridores"  transportaron   gérmenes  de   antiguas  
     enfermedades endémicas  y epidémicas  asiáticas, africanas  y  
     europeas; zoonosis en animales domésticos y en roedores. Ecto  
     y endo  parásitos de  humanos y  de animales,  v.g.:  piojos,  
     ácaros, helmintos y protozoarios.  
  
     También trajeron moscas  y otros insectos  en los fardos  con  
     alimentos, y en  los barriles y  depósitos con agua  trajeron  
     huevecillos y larvas de Culex y de Aedes.  
  
     Los hombres de  América que, como  precisa Comas,  son de  la  
     misma especie que los del Viejo Mundo, mostraron de inmediato  
     alta susceptibilidad a la acción  de los que para ellos  eran  
     "nuevos" agentes  patógenos. Los  indoamericanos carecían  de  
     experiencia inmunológica  para los  virus de  la viruela,  el  
     sarampión,  de  la  varicela,  de  la  parotiditis  y  de  la  
     influenza.  Adquirieron  salmonelas,  amibas,  Plasmodia  del  
     paludismo (que parasitaron  a los anofelinos  de América)  y,  
     filarias onchocerca  de la  región occidental  de Africa  (al  
     suceder cosa semejante a los simúlidos vectores), rickettsias  
     del tifo, infestantes de las pulgas alimentados en las  ratas  
     enfermas.   Llegaron   artrópodos   vectores   domésticos   y  
     peridomésticos  como  el  Aedes  aegypti  y  el  Ripicephalus  
     sanguineus.  
  
     Biológica, social  y económicamente  la despoblación  de  las  
     islas y de la tierra firme, a consecuencia de las  mortíferas  
     epidemias, del hambre por pérdida de las cosechas y la  falta  
     de brazos, y por el mal trato  en las minas y en los  campos,  
     provocaron la esclavitud, el "comercio del ébano",(26) el que  
     substituyó, principalmente en las  costas y en los  distritos  
     mineros, a la población indígena  por la africana. Las  zonas  
     palúdicas quedaron  ocupadas por  los negros,  con  inmunidad  
     milenaria, resultante,  según  la paleoepidemiología,  de  su  
     origen africano  por la  exposición  secular a  la  primitiva  
     malaria de los monos de ese continente.  
  
     Los factores negativos ecológicos de la conquista,  iniciados  
     en 1521,  continúan sin  interrupción hasta  1980. Empezó  la  
     tala de los bosques,  facilitada por el  hacha y el  machete,  
     para hacer carbón y  leña, destinados a  las casas, para  las  
     minas y para el sistema de "beneficio de patio". Fue la  tala  
     para las siembras de maíz y de tabaco nativos y las de trigo,  
     y más extensa caña de azúcar y otros cultivos  económicamente  
     productivos importados del Viejo Mundo.  
  
     No menos brutal que el impacto sicogénico de las pestes,  fue  
     el de los efectos de las armas de fuego y el de otra religión  
     y de otra interpretación de la vida y de la muerte.  
  
     Pocas enfermedades pasaron de América  a Europa y al  Africa.  
     Los conquistadores y  los traficantes de  negros llevaron  en  
     sus travesías de retorno al antiguo mundo, enfermos de fiebre  
     amarilla con  los mosquitos  transmisores del  mal. El  virus  
     amarílico atacó así a  los españoles, a  los portugueses y  a  
     los africanos y, en intercambio patológico, el virus  infestó  
     a los hombres y  a los mosquitos  africanos, entrando de  tal  
     suerte a las selvas del Africa.  
  
     Otra enfermedad  llevada  al  Viejo Mundo  fue  la  frambesia  
     causada por el Treponema pertenne, el "Mal de bubas" o de los  
     bubosos,  que  de  las  Antillas  llegó  a  México.(27)  Otra  
     treponematosis, la  sífilis, se  extendió por  Europa en  los  
     años posteriores al  descubrimiento de América  y empezó  una  
     controversia, con principio en las afirmaciones de  Hernández  
     de Oviedo,(28) la cual continúa y llega a las investigaciones  
     actuales, bajo los auspicios de la Organización Mundial de la  
     Salud.(29) Se  investiga  qué modificaciones  pudieron  haber  
     ocurrido en el T. pallidum, como resultado de influencias del  
     ambiente, para el desarrollo de las distintas treponematosis:  
     frambesia, sífilis  y mal  del  pinto,(29,30) además  de  las  
     investigaciones de los cambios del treponema ancestral, hasta  
     llegar a la historia moderna de las treponematosis.(31)  
  
     Una  parasitosis,  muy  limitada  ecológicamente,  la   Tunga  
     penetrans o nigua, pasó del Continente Americano al  Africano  
     y  produce   grandes   sufrimientos   por   las   infecciones  
     secundarias y la incapacitación para el trabajo que origina.  
  
     Los altísimos índices  de morbilidad y  mortalidad entre  los  
     indígenas,  indican  que,  inmunológicamente,  los   primeros  
     pobladores de América, Llegado de  Asia en mayor número y  en  
     varios  grupos,  fueron  los   supervivientes  más  sanos   y  
     vigorosos,  seleccionados   naturalmente  en   los  años   de  
     peregrinaje. De los  ectoparásitos, transportados por  ellos,  
     los piojos encontrados  en una momia  en los Andes  Chilenos,  
     llegaron sin infecciones. Al  quedar aislados los  emigrantes  
     por  decenas  de  miles  de  años,  sin  comunicación  humana  
     intercontinental, salvo alguna esporádica de pequeños grupos,  
     sin continuidad,  formaron  una  población  inmunológicamente  
     autóctona, con  factores genéticos  de susceptibilidad  y  de  
     resistencia muy diferentes a los de las poblaciones del Viejo  
     Mundo.  
     En un  trabajo anterior  afirmé  "que la  epidemiología  dará  
     ayuda de extraordinario valor  aclaratorio a los estudios  de  
     los antropólogos acerca del origen del hombre americano".(32)  
     Los estudios inmunológicos y bioquímicos de los restos óseos,  
     de adultos y  niños hallados en  las excavaciones del  Templo  
     Mayor como los encontrados en Palenque en Monte Alban y otros  
     más, analizados usando métodos epidemiológicos, deberían  ser  
     el punto de partida de la paleoepidemiología mexicana.  
  
     En el  pasado, la  epidemiología  fue empírica,  narrativa  y  
     fuente de teorías míticas, astrológicas y religiosas, sólo en  
     pequeña  parte  médicas,  para  explicar  la  causa  de   las  
     enfermedades epidémicas.  Quienes  se  ocuparon  de  éstas  y  
     trataron de averiguar su origen, enseñan que la  intervención  
     médica se limitaba  a la curación  y alivio  de las  víctimas  
     atendidas  en   hospitales  establecidos   por  las   órdenes  
     religiosas o por personas caritativas o, a veces por  algunas  
     autoridades municipales.  
  
     Europa volvió a sufrir en los siglos XVI y XVII varios brotes  
     de peste.  Las ciudades  italianas  con más  activo  comercio  
     perdieron en 1576 y 1591 decenas de miles de personas. En  la  
     República de Venecia,  donde nació la  cuarentena aplicada  a  
     las embarcaciones de puertos de Egipto y Grecia perecieron en  
     1630 y 1631 más de 500 000 personas. Viena y Berlín perdieron  
     la mitad de su población y Londres fue gravemente afectada.  
  
     Las epidemias de tos ferina en Francia en 1570 y 1579, fueron  
     atribuidas por Baillow, siguiendo a Hipócrates, al estado  de  
     la atmósfera  o a  las constituciones  prevalecientes en  los  
     años citados.(22)  
  
     Otros médicos sostuvieron  que el contagio  era el  principal  
     factor en la  elevación y la  dispersión de las  enfermedades  
     epidémicas. Girolano Fracastoro apoyó en forma  sistematizada  
     esta opinión en 1546 en sus tres libros: Del Contagio, de las  
     Enfermedades Contagiosas y de su Tratamiento. El primer libro  
     presenta su  teoría  del contagio,  el  segundo se  ocupa  de  
     varias enfermedades contagiosas,  entre otras,  la peste,  el  
     tifo y la  sífilis, el  tercer libro  en fin  versa sobre  el  
     tratamiento de las enfermedades contagiosas.  
  
     Anthony Van Leenwenhowk, vio al microscopio, cocos, bacilos y  
     espirilas en 1676,  sin pensar que  tuvieran conexión con  la  
     enfermedad.  
  
     Con  Morgagni  surge  la  importancia  de  la   investigación  
     anatómica de  las lesiones  observadas en  los cadáveres,  en  
     relación con la enfermedad y  son dadas a conocer en 1761  en  
     Venecia, en su obra: Del Asiento y causa de la Enfermedad. Se  
     funden en  un cuerpo  de doctrina  la clínica  y la  anatomía  
     patológica y el diagnóstico  clínico obtiene una base  sólida  
     de comprobación científica.  
  
     Presente de la epidemiología. La milenaria endemoepidemia  de  
     viruela en Asia, donde  se desarrolló el  virus, y donde  fue  
     posible observar que quienes sufrían el mal y sobrevivían, no  
     volvían a  padecerlo  y que  igual  cosa sucedía  en  algunas  
     personas que tenían lesiones localizadas. Esas  observaciones  
     condujeron al descubrimiento de la "variolización", el primer  
     recurso   al   alcance   del   hombre   para   prevenir   una  
     enfermedad.(32) La idea  fue producir  una enfermedad  ligera  
     usando para  ello  las costras  de  viruela en  China  y,  en  
     Africa, el suero  de una de  las pústulas  de un enfermo  con  
     pocas lesiones.  
  
     En Inglaterra se recibió en 1713 una carta del Doctor Timoni,  
     sobre la variolización  para evitar la  viruela, pero no  fue  
     sino hasta 1717 que se extendió su uso. El Dr. Morel, ayudado  
     por el  Dr.  Bartolache, la  aplicó  en Nueva  España  en  la  
     epidemia de 1797, pero no tuvo eco.  
  
     Tocó a los ordeñadores ingleses observar la protección que se  
     obtenía contra la viruela, con la adquisición accidental  del  
     cow-pox; fue Jenner tras 26 años de observación metódica y de  
     experimentación, desde 1770 hasta 1796, quien probó, el 14 de  
     mayo de 1796, que el niño James Phipps no contraía la viruela  
     al ser  inoculado con  ésta, debido  a que  anteriormente  le  
     había aplicado el cow-pox.(32)  
  
     Este acontecimiento es único en cuanto a la inmunidad cruzada  
     entre un virus animal, de  antigedad no conocida y un  virus  
     de patogenicidad milenaria para el hombre.  
  
     La vacuna de "brazo a  brazo" fue traída a Nueva España,  por  
     el Dr. Balmis en  la extraordinaria "Expedición  Filantrópica  
     de la Vacuna".(33) El sistema siguió en uso en México,  hasta  
     1917, aunque desde  1866 se había  conocido la vacuna  animal  
     por un trabajo del Dr. Lino Ramírez, médico duranguense, y el  
     Dr. Angel Iglesias había traído  en 186X al país, el  cow-pox  
     de  Francia.  La   resistencia  de   médicos,  sin   estudios  
     epidemiológicos impidió por cincuenta  años que la  población  
     disfrutara el amplio beneficio de la vacunación antivariolosa  
     animal.  
  
     En todo el mundo se  carecía de conocimientos sobre la  causa  
     de las enfermedades epidémicas y se ignoraba a los mecanismos  
     de su transmisión.  
  
     En el siglo XIX en  nuestro país hubo hasta el último  tercio  
     del siglo, epidemias de viruela, de tifo, de fiebre amarilla,  
     disentería, de sarampión; tres epidemias de "cólera  mourbus"  
     en 1833, 1849, 1866, y un brote en el Sureste en 1882, por el  
     cual murió, cumpliendo con su deber, en Tapanatepec,  Oaxaca,  
     el  Dr.  Juan  Ignacio  Vasconcelos,  abuelo  de  quien  esto  
     escribe. El brote de  cólera afectó a  Chiapas, Tabasco y  el  
     Istmo  de  Tehuantepec.  Se  registraron  dos  epidemias   de  
     influenza en 1847-1848  y hubo brotes  de peste en  Ensenada,  
     B.C. en 1890 y en esa población y en Mazatlán en 1902.(34)  
  
     La fiebre amarilla,  la disentería y  la fiebre tifoidea,  se  
     exacerbaron durante las invasiones norteamericana y  francesa  
     y sus ejércitos tuvieron más  bajas por las enfermedades  que  
     por las heridas en  los combates; lo  cual, por lo demás,  ha  
     sido común en casi todas las guerras en el mundo.  
  
     Hasta   mediados    del   siglo    XIX,   las    enfermedades  
     endemoepidémicas  se  incrementaban  y  disminuían  según  el  
     número de susceptibles y las oportunidades de difusión de los  
     agentes patógenos.  
  
     Durante el cólera  de Londres  en 1848,  Show(35) y  Budd(36)  
     demostraron la  transmisión de  esta enfermedad  por el  agua  
     contaminada, sin que se extendiera este conocimiento a  otros  
     países.  
     Fue la obra genial, metódica y sabia de Pasteur,(37) la llave  
     de la era microbiológica que transformó la medicina e impulsó  
     la epidemiología. Su genio  y esmerada preparación  biológica  
     hicieron cambiar desde 1859 las ideas sobre las causas de las  
     enfermedades.  Pasteur   hizo   nacer  la   inmunología,   la  
     elaboración de productos inmunizantes  y los métodos para  el  
     estudio de las causas de las enfermedades transmisibles. El y  
     sus discípulos examinaron  los mecanismos de  la infección  y  
     aplicaron los resultados de sus estudios a la prevención y al  
     tratamiento de las enfermedades contagiosas.  
  
     Lister estableció  en 1865  la asepsia  quirúrgica; el  sabio  
     alemán Koch y su escuela se dedicaron de 1876 en adelante  al  
     desarrollo de técnicas  para el cultivo  e identificación  de  
     las bacterias.  
  
     De 1876  a 1898  casi no  pasó  un año  sin que  la  medicina  
     recibiera alguna contribución de  ingente importancia en  las  
     ramas  de  la  microbiología,  de  la  entomología  y  de  la  
     infectología.  
  
     La epidemiología pudo progresar sobre bases sólidas y  servir  
     a la  salud  pública  en su  lucha  contra  las  enfermedades  
     transmisibles.  
  
     En México la aplicación de  los métodos epidemiológicos a  la  
     eliminación  del  Aedes  aegypti,  una  vez  confirmados  los  
     estudios de Finlay, liberaron a Veracruz, en 1910 del  vómito  
     negro, y al par los descubrimientos de Laveran, de Ross y  de  
     los malariólogos europeos, dieron elementos para la lucha  en  
     pequeña escala contra el paludismo.  
  
     El tifo  reinaba  en  Europa,  y  en  México  (conocido  como  
     "tabardillo  mexicano"),  atacaba  desde  las  ciudades   del  
     altiplano frío,  hasta las  aldeas en  las altas  sierras;  y  
     cuando Nicolle demostró el papel del Pediculis vestimenti  en  
     la  transmisión  de  la   enfermedad,  no  fue  aceptado   su  
     descubrimiento; porque al parecer, algunos clínicos con  gran  
     experiencia, limitaron  sus  observaciones a  los  individuos  
     vistos por ellos, en víctimas de tifo murino, sin  considerar  
     con criterio epidemiológico la masa o el conjunto, cuando los  
     brotes eran de tifo epidémico.  
  
     Zinsser y Ruíz Castañeda(33) que contribuyeron ampliamente al  
     conocimiento del tifo, descubrieron  las rikettsias del  tifo  
     en ratas de la cárcel de Belen, en 1931 y Ruíz  Castañeda(39)  
     descubrió una vacuna eficaz contra esa enfermedad.  
  
     El problema para  el médico con  tendencia a  limitarse a  la  
     medicina  curativa  en  cada   individuo  atendido  por   él,  
     concentrando toda su capacidad y sus reflexiones a cada caso,  
     reduce sus posibilidades de éxito en la práctica actual de la  
     medicina integral.  Es aquí  donde  las adquisiciones  de  la  
     epidemiología,  obtenidas  por  equipos  multidisciplinarios,  
     tienen valor definitivo, pues ofrece la experiencia de muchos  
     casos,  en  diversas  situaciones  y  condiciones   sociales,  
     culturales y económicas en distinto medio ambiente.  
  
     Es  meta  de  la  biosociomedicina  ser  de  utilidad  en  la  
     prevención, en  la  rehabilitación  y  en  la  investigación,  
     además de  seguir buscando  la curación  de toda  enfermedad,  
     transmisible o no, aguda o crónica; en cualquier persona  sin  
     distinción de  raza,  credo,  opinión  política  o  situación  
     económica.  Por  esa  razón  la  epidemiología,  tomada   con  
     entusiasmo en los  años siguientes a  la era  bacteriológica,  
     para estudiar  las enfermedades  transmisibles en  las  masas  
     humanas,  alcanza  actualmente   la  amplitud  tantas   veces  
     señalada en esta plática.  
  
     Para prestigio de  la medicina  mexicana, el  interés en  las  
     condiciones sociales  y  económicas  de la  población  se  ha  
     manifestado claramente a través del tiempo.  
  
     El académico Ricardo  Manuell,(40) en  su discurso  del 6  de  
     marzo de 1912 señaló "a la atención de la clase ilustrada del  
     país, cuatro  plagas". ..  "no las  únicas, pero  sí las  más  
     intensas.  El  paludismo,  una  gran  calamidad  de  nuestras  
     tierras calientes.... ilusión de que son emporios de riqueza,  
     que no  se conseguirá  hasta domeñar  el terrible  azote.  La  
     uncinariasis, de los distritos mineros  y de las costas,  que  
     ataca de  preferencia  a  los jornaleros  del  campo,  a  los  
     mineros y  a los  operarios que  manejan el  barro  'unidades  
     humanas inferiores, cuya salud y cuya vida se transforman  en  
     la holgura, el confort  y el lujo  de los ricos'. La  viruela  
     que se puede precaver por  medio de la vacuna... Se lleva  en  
     el Distrito  Federal  400 almas  al  año y  en  la  República  
     20,800, número más alto,  cada año, de  lo que ha costado  la  
     última revolución".  
  
     La cuarta es la tuberculosis "la enfermedad de los débiles y,  
     en  general  de  los  organismos  en  bancarrota.  El  enorme  
     problema que  encarna,  para  pueblos  como  el  nuestro,  la  
     progresiva extensión  de la  peste blanca,  no es  únicamente  
     médico, sino  también  social;  y quizás  ahondado  hasta  el  
     fondo, resulte ser, por  los remedios que pueden  oponérsele,  
     más problema social que médico".  
  
     El ilustre oaxaqueño, Doctor  Ramón Pardo,(41) en la  mayoría  
     de sus escritos destacó los  aspectos médico sociales de  los  
     problemas encontrados  por él  en su  ejercicio  profesional.  
     Entre otros presentó en la Academia Nacional de Medicina uno,  
     publicado en 1927 con un muy buen estudio epidemiológico,  "A  
     propósito de los ciegos de Tiltepec"(41) realizado por  Pardo  
     con un grupo  de sus  alumnos de  la Escuela  de Medicina  de  
     Oaxaca. En ese trabajo  describió minuciosamente las  pésimas  
     condiciones sociales,  económicas,  culturales  y  sanitarias  
     existentes  en  Tiltepec;  la  antigedad  de  la  filariasis  
     oncocercosa en los habitantes del  área y la desaparición  de  
     muchos  pueblos  de  Ixtlán   por  haberlos  abandonado   sus  
     habitantes.  
  
     Manuell  y  Pardo   pensaron  como  epidemiólogos   modernos,  
     adelantándose  a  otros  médicos  de  países  prósperos   que  
     incluyeron los aspectos  sociales hasta la  segunda mitad  de  
     este siglo, y después del  movimiento de renovación médica  y  
     social en 1920, hacia  la epidemiología de  la salud y de  la  
     enfermedad, sin limitaciones.  
  
     Distintos aspectos de las enfermedades transmisibles  todavía  
     preocupan  en  el  mundo  a  los  epidemiólogos.  En   rápida  
     enumeración citaré la brucelosis en Francia, donde  Roux,(42)  
     aconseja  multiplicar  las  reacciones  serológicas  en   los  
     animales y las pruebas cutáneas de alergia, el aislamiento de  
     la brucela y el diagnóstico de su biotipo.  
  
     La OMS(43)  pide que,  para conocer  la epidemiología  de  la  
     esquistosomiasis, muy  extendida  en  Asia, en  Africa  y  en  
     América del Sur y para realizar su control, se estudie más el  
     caracol (huésped intermediario), el  suministro de agua y  la  
     intensidad y  prevalencia de  la  infección en  la  población  
     humana.  
  
     Entre  nosotros  Carrada  Bravo(44)   resumió  en  1980   las  
     enfermedades "nuevas"  diagnosticadas  en  1978,  el  dengue,  
     serotipo I,  visto en  Tapachula, en  diciembre, extendido  a  
     Chiapas, al Istmo y  a Quintana Roo  en 1979. Previó aquel  y  
     así aconteció  que en  1980, pudiera  extenderse y  llegó  en  
     efecto, a Matamoros, Tamaulipas. Otra enfermedad,  confirmada  
     por investigadores del Instituto de Salubridad y Enfermedades  
     Tropicales, con sólo doce casos anteriores en el mundo fue la  
     parasitación de  una  niña  de Villa  Azueta,  Ver.,  por  el  
     helminto Lagochilascaris minor.  
  
     Otras enfermedades  citadas  por  Carrada  Bravo,  vistas  en  
     diversos   estados,    fueron,    en   Mérida,    Yuc.,    la  
     angiostrongilasis abdominal, causada  por el  Angiostrougilus  
     costarricensis Morera y Céspedes. La dermatosis producida por  
     el hongo  Loboa loboi,  en una  persona de  Tabasco, las  dos  
     diagnosticadas  en  el  Instituto  Noguchi,  de  Mérida.   En  
     Coahuila y Tamaulipas, dos focos de leishmaniasis cutánea del  
     "desierto" con lesiones ulcerosas. Sospechándose por  razones  
     epidemiológicas que el  vector fuese  el flebotomo  Lutzomyia  
     diabólica. Se  agrega un  caso raro  de micetoma  de la  mano  
     diagnosticado  en  Saltillo,  Coah.,  causado  por  el  hongo  
     Madurella mycetomi y, por primera vez en México, el Doctor G.  
     Valenzuela patólogo del IMSS en Mexicali, B.C. demostró en la  
     autopsia de un joven que había nadado en las aguas  cenegosas  
     del  Río  Colorado,  abundantes   trofozoites  de  la   amiba  
     Naegleria fowleri; enfermedad descrita en California, E.U.A.  
  
     Estos diagnósticos son  un llamamiento a  la atención de  los  
     jóvenes médicos, quienes con la  práctica de buena clínica  a  
     nivel  primario,  apoyados  en   los  niveles  secundario   y  
     terciario, podrán contribuir  al progreso de  la medicina  en  
     México.  
  
     Recordaré  de   paso  que   al  conmemorarse   el   trigésimo  
     aniversario  del  Instituto  de  Salubridad  y   Enfermedades  
     Tropicales, en la  Academia Nacional  de Medicina,  el 10  de  
     septiembre de 1969, se mencionaron las contribuciones de  los  
     investigadores científicos de la Institución al  conocimiento  
     de la patogénesis de algunos padecimientos, esclarecedores de  
     nuevos rumbos en la epidemiología nacional.  
  
     La epidemiología  dentro de  la medicina  social. Los  buenos  
     éxitos indudables de  la terapéutica  anti-infecciosa por  la  
     quimioterapia y  por  los antibióticos  y  la acción  de  los  
     productos hormonales y  de la bioquímica  moderna atraen  las  
     miradas y la atención  del público, de  los gobernantes y  de  
     quienes ejercen  la  medicina  independiente  o  liberal.  Se  
     añaden   las   extraordinarias   hazañas   de   la   medicina  
     hospitalaria y  quirúrgica  en  las  salas  de  servicios  de  
     emergencia, los  logros de  la  cirugía cardiovascular  y  el  
     reemplazo   de   órganos   y   de   articulaciones,    quedan  
     lamentablemente en  segundo  término,  con  menores  recursos  
     profesionales y económicos,  los programas  de prevención  de  
     enfermedades, de conservación de la salud, de  rehabilitación  
     y de investigación.  
     Sin embargo la epidemiología prosigue su desarrollo y toma el  
     estudio de problemas  de la nutrición,  de los  padecimientos  
     cardiovasculares, del reumatismo, del cáncer, y de otros  más  
     del campo educativo,  social, económico y  político; v.g.  la  
     epidemiología de la  drogadicción, la de  los accidentes,  la  
     del homicidio,(45) la epidemiología  de la violencia,(45)  la  
     del ruido, la  de las causas  de la  contaminación del  medio  
     ambiente,  de  los  efectos  de  las  radiaciones  de  origen  
     nuclear.  
  
     Chandra,(47) médico  de la  India, ha  tomado a  su cargo  el  
     estudio de las relaciones de la nutrición y la infección, que  
     al unirse  en los  individuos,  especialmente en  los  niños,  
     contribuyen   a   la   morbilidad   y   a   la    mortalidad,  
     particularmente de los niños pequeños de familias pobres.  
  
     El  nivel  de  inmunidad  obtenido  por  la  inmunización  de  
     personas desnutridas no ha sido estudiado suficientemente.  
  
     Castelazo Ayala,  Rodríguez Arguelles,  Díaz del  Castillo  y  
     Urrusti Sanz,(45) han realizado  en la población adscrita  al  
     IMSS  una  investigación  clínica  y  epidemiológica  de  los  
     factores de riesgo  perinatal. Probaron  la notable  relación  
     del mayor número  de gestaciones, de  partos y de  mortalidad  
     perinatal, con el menor grado de escolaridad de la  gestante;  
     la directa relación entre la ocupación del jefe de la familia  
     con el grado de escolaridad  y el incremento de los  factores  
     de  riesgo.   Confirmaron  que   la  salud   resulta  de   la  
     interrelación del  individuo y  su familia  con los  factores  
     comunitarios ecológicos.  
  
     Concluyen recomendando,  con  toda razón,  la  aplicación  de  
     programas educativos  de más  penetración,  en las  áreas  de  
     población más desprotegidas.  
  
     Las  alteraciones  infantiles  mentales  en  las   sociedades  
     desarrolladas  parecen  ser  más  tempranas  que  las  de  la  
     infancia  en  las  comarcas  rurales,  e  indudablemente   la  
     juventud  presenta   más  problemas   en  el   contexto   que  
     Harfouche,(49) llama ecológico, agravados  por el consumo  de  
     drogas, principalmente el alcohol, la droga más accesible.  
  
     La epidemiología en el presente,  se ocupa con toda  amplitud  
     de los problemas de enfermedades no transmisibles, tales como  
     los cardiovasculares, el reumatismo y los cánceres.  
  
     Grupos de epidemiólogos en cada país, coordinados por la  OMS  
     estudian la diferenciación  etiológica de  los neoplasmas  en  
     diversos  países,  equipos  formados  además  por   clínicos,  
     geneticistas, por inmunólogos, por bioquímicos y  biofísicos,  
     en   grupo    multidisciplinario   y    multinacional,    con  
     bioestadísticos, ecólogos, antropólogos y educadores.  
  
     La epidemiología de  los problemas  de salud  de la  infancia  
     preocupa a  los pediatras  mexicanos,  entre ellos  a  Gómez,  
     Prado Vértiz,  Ramos  Galván y  otros  más; en  el  Líbano  a  
     Harfouche.(49)  Los  primeros   insisten  en  los   problemas  
     prenatales, natales y postnatales en torno a la desnutrición,  
     a la  lactancia materna,  a  la pobreza,  y a  los  problemas  
     culturales, sociales  y  económicos; Harfouche  considera  la  
     adaptación del infante a su medio, como sistema ecológico  al  
     que ha de adaptarse, resistiendo la presión del medio que  le  
     produciría enfermedad, invalidez o  muerte. Opinan que  deben  
     estudiarse epidemiológicamente, los  problemas de salud,  así  
     como los  de  la  enfermedad de  los  niños,  en  los  países  
     desarrollados o en desarrollo.  
  
     Hay diferencias,  por  la  desnutrición,  por  los  embarazos  
     excesivos, por la lactancia prolongada y el trabajo agobiante  
     de las madres en las regiones rurales, que no pueden cuidar a  
     sus niños, con los de  los sectores suburbanos marginados  de  
     las ciudades; en  general, las condiciones  de estos  últimos  
     son peores que  los del promedio  de los  de las  comunidades  
     rurales. Hoy, las situaciones de  miseria en los desiertos  o  
     en las rancherías aisladas de la montaña o de la selva, crean  
     graves problemas de desnutrición a  lo que coadyuva la  falta  
     de atención materna,  etcétera. Hay factores  epidemiológicos  
     por el  desamor  de  muchas madres  de  clase  económicamente  
     poderosa para sus hijos y  en los niños de edad preescolar  y  
     en el  campo,  por falta  de  amor  de padres  y  madres  sin  
     recursos económicos.  
  
     La epidemiología de  las perturbaciones  hipertensivas en  el  
     embarazo ha sido estudiada por  Davis(50) en doce países  con  
     más de diez  muertes por  toxemia gravídica.  Los países  con  
     mayor mortalidad materna  por 100 000  nacidos vivos,  fueron  
     Chile, México y Rumania. Los que tuvieron más baja mortalidad  
     materna fueron  Inglaterra y  Gales,  Canadá y  Polonia.  Por  
     toxemia gravídica  las  tasas  más  altas  correspondieron  a  
     Chile, México y Japón. Las menos altas a Rumania, Inglaterra,  
     Gales y los Estados Unidos. El estudio deberá completarse con  
     la ayuda de  equipos de  investigadores en  cada nación,  con  
     intercambio de informes y  análisis de los factores  médicos,  
     sociales, culturales y económicos.  
  
     Marmot(51) publicó en 1979 las bases epidemiológicas para  la  
     prevención de  la  enfermedad  coronaria. En  todo  el  mundo  
     aumenta a medida que se reducen las enfermedades infecciosas;  
     más aún en los países industrializados. Existe información de  
     las medidas más adecuadas para controlar y para prevenir esta  
     enfermedad. Las bases son, concluye, consumir una dieta  baja  
     en grasa, no fumar y controlar la presión; además reducir  la  
     obesidad y aumentar la actividad física y aunque hay factores  
     sicosociales relacionados con la enfermedad coronaria, no  es  
     posible dar indicaciones exactas que puedan ser incluidas  en  
     un programa de prevención.  
  
     La vigilancia epidemiológica, el uso de métodos apropiados de  
     administración sanitaria y su evaluación, servirán, como dijo  
     Emerson(52) hace poco  más de  cincuenta años,  para que  las  
     sociedades y sus órganos de salud, eviten: "...errores en sus  
     afirmaciones, demandas personales y aun engaños por falta  de  
     conciencia epidemiológica, de ética médicosocial y por  falta  
     de preparación del personal".  
  
     El futuro de la epidemiología. La orientación existe para los  
     estudios de  epidemiología, cuyo  progreso, ligado  al de  la  
     medicina, se acrecentará  con el progreso  de la  tecnología.  
     Esta dispone de nuevos elementos para cuidar la salud de  los  
     seres humanos en el espacio o en las cápsulas de  exploración  
     submarina  y  entregará  a  la  medicina  información  de  la  
     fisiología, de  la patología  y de  la salud  de los  hombres  
     fuera del mundo ordinario. Al contar con suficiente número de  
     casos, al  reunirlos  y analizarlos  epidemiológicamente,  se  
     sabrá más de la salud física y de la salud mental, de lo  que  
     se aprendió en los siglos transcurridos desde el principio de  
     la vida humana  en nuestro planeta.  La epidemiología  deberá  
     ser capaz de derivar programas  para la salud y el  bienestar  
     del hombre, en su totalidad.  
  
     El programa más  importante es y  será el  de educar para  la  
     salud, a todos los hombres y a todos los pueblos. Siguen  los  
     de vigilancia e investigación epidemiológicas.  
  
     Para educar, la tecnología ha puesto al alcance de todos  los  
     hombres y mujeres, desde temprana edad hasta la senectud,  un  
     medio  de  educación  y  de  comunicación  constante  en   la  
     televisión. Este medio, que debería ser usado para civilizar,  
     para explicar  racionalmente  las  cosas,  para  exponer  los  
     conocimientos y las  opiniones útiles para  mejorar la  vida,  
     para impulsar en suma la cultura; difunde aspectos nocivos de  
     las  subculturas   que  afloran   en  la   angustia,  en   la  
     desesperación y  en el  aturdimiento  de los  seres  humanos.  
     Enseña  la  afición  a  las  drogas,  al  alcoholismo  y   al  
     tabaquismo; incrementa el  ruido aturdiendo  y deteniendo  el  
     pensamiento, estimula el erotismo  distrayendo a los  jóvenes  
     del estudio y del aprendizaje. Empuja al pueblo a desviar  su  
     salario  hacia  el  consumo   de  artículos  innecesarios   y  
     esclaviza a quien trabaja, comprometiendo anticipadamente sus  
     ingresos para vivir como se  supone que viven los  habitantes  
     acomodados de las ciudades.  
  
     Conclusión. En este bosquejo de la epidemiología, he  tratado  
     de seguir su desarrollo general, al estudiar,  principalmente  
     el experimento biológico que la naturaleza hace con el hombre  
     en lo concerniente a los fenómenos de salud y de  enfermedad,  
     experimento que  aquel  usa  o modifica,  algunas  veces  con  
     acción inteligente, o altera y trastorna por ignorancia,  por  
     audacia criminal o por falta de ética.  
  
     La epidemiología  es una  de las  actividades abiertas  a  la  
     participación de todos los médicos. Pueden contribuir a  ella  
     desde los  profesionales aislados  en una  pequeña  comunidad  
     rural, cerca de los seres humanos en su vida completa,  hasta  
     los profesionales que laboran en los organismos nacionales de  
     salud, o en la Organización Mundial, imperfecta todavía. Pero  
     este órgano de todas  las naciones tiene potencial  idealista  
     para  llegar  a  ser  una  fuerza  internacional  de   acción  
     educativa en salud integral, de entendimiento, de solidaridad  
     y de paz.  
  
     
ŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽŽ  
     (1) Académico Titular  
  
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     10. Martínez Báez  Manuel  II.  El  Paludismo  en  el  Mundo.  
     Aspectos Técnicos Sociales y  Económicos. Simposio. La  Lucha  
     Antipalúdica en el Mundo  y en México.  Gac. Med. de  México.  
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     11. Sigerist Henry E. "A  History of Medicine" vol. II  Early  
     Greek, Hindu and Persian  Medicine. Oxford University  Press,  
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     Bolio. Biblioteca del Estudiante Universitario 21, Ed. de  la  
     Universidad Nacional Autónoma. México, 1952.  
  
     13. Landa Diego de. Relación de las Cosas de Yucatán  Escrita  
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     1938.  
  
     14. El  Libro  del Consejo.  Traducción  y notas  de  Georges  
     Raynaud, J.M. González  de Mendoza y  Miguel Angel  Asturias.  
     Prólogo de  Francisco  Monterde.  Biblioteca  del  Estudiante  
     Universitario.  Ia.  Ed.  Universidad  Nacional  Autónoma  de  
     México, 1950.  
  
     15. Finlay Carlos J. El Mosquito Hipotéticamente  considerado  
     como agente  de transmisión  de la  Fiebre Amarilla.  Trabajo  
     leído en la Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales  de  
     La Habana, reproducido en  Carlos J. Finlay, obras  completas  
     de... 1: 247-261.  Academia de Ciencias  de Cuba. La  Habana,  
     1965.  
  
     16. Balfour A. "The Wild Monkeyasa Reservoir for the Virus of  
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     17. Tizimin Código de... en El Libro de Chilam Balam  de...".  
     Referencias en  "El Libro  de los  Libros de  Chilam  Balam".  
     Traducción  de  sus  textos  paralelos  por  Alfredo  Barrera  
     Vázquez y  Silvia Rendón,  basada en  el estudio,  contejo  y  
     reconstrucción hechos por  el primero,  con introducciones  y  
     notas:  Fondo  de  Cultura  Económica.  México-Buenos   Aires  
     Primera Edición, 1948.  
  
     18. Bustamante   Miguel   E.    Notas   sobre    Enfermedades  
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     Periodo  Formativo  (1519-1590)  capítulo  de  la   "Historia  
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